Veneco Candanga: Episodio 4 – Margarita López Maya

Por Juan Andrés Misle

Transcripción:

Usted ha estudiado la relación entre los actores políticos y los movimientos sociales en Venezuela por décadas. ¿Puede usted explicar de qué forma han evolucionado las relaciones de poder entre la sociedad civil y los aspirantes al poder en Venezuela desde la llegada del Chavismo al poder? ¿Cómo compararía la evolución de esa relación con los gobiernos previos al Chavismo?

M.L.M: En primer lugar, la era de Chavismo hay que dividirla en varias etapas. Yo diría que en la primera etapa fue un régimen que llega al poder utilizando un estilo de hacer política populista. En ese sentido construye un discurso dicotómico; un discurso entre buenos y malos; entre oligarcas y pobres, entre víctimas y victimarios, que es lo típico del populismo. Es una manera de hacer política en épocas de crisis. Suele emerger con un líder carismático, y eso hace que la sociedad se polarice brutalmente.

Esa polarización perdura por mucho tiempo, quizás hasta hoy, aunque ha cambiado sus características con el gobierno de Maduro. Pero digamos en la primera etapa, esa polarización, ¿qué produce? También produce una polarización en partidos y en la sociedad civil. Nosotros vamos a tener unos partidos que son Chavistas y unos que son anti-Chavistas, porque toda la referencia gira alrededor de Hugo Chávez en sus primeras etapas. Y la relación de la sociedad civil en esa etapa también es una sociedad civil que se parte y donde la mayor parte de la sociedad organizada en Venezuela siempre ha sido bastante débil, pero que tenían algunas fuerzas en los años 80s y 90s del siglo pasado.  

En Venezuela, nunca han tenido características de mucha autonomía pero en los 80s 90s se había adquirido una cierta autonomía un conjunto de organizaciones sociales, en su mayoría compuesto por sectores de las clases medias. Y los sectores populares de alguna manera seguían muy atados a los partidos políticos.

Lo que pasa en la etapa de Chávez con la sociedad civil es que se polariza. Y los sectores populares tienden a apoyar al Chavismo con mucha fuerza y a movilizarse alrededor de Chávez  del líder carismático  y la sociedad civil se va a oponer de una manera bastante emblemática al régimen de Hugo Chávez, y va a acompañar a algunas de las acciones  incluso extraconstitucionales  que se hacen en el primer gobierno de Chávez, particularmente las acciones que van a terminar en el golpe de estado del 11 de abril y los ejecutivos de PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A.) organizados ‘Gente del Petróleo’ y los empresarios en el paro petrolero, y las organizaciones de medios de comunicación privados.

Yo diría que esa es una etapa que culmina con la victoria de Chávez sobre todas las confrontaciones políticas que se dieron en esa época, y eso va significar un debilitamiento muy grande de las organizaciones de la sociedad venezolana que se le habían opuesto: los empresarios, los medios de comunicación, las organizaciones sindicales que estuvieron en contra de Chávez, incluso las organizaciones de vecinos que incluso de politizaron en esa época.

Y por el lado de los sectores populares hubo ciertos sectores que sufrieron cierto empoderamiento con la movilización a favor de Chávez durante algún tiempo, en el sentido de que tenían una capacidad de comunicarse con el gobierno y de exigir derechos y demandas.

Yo diría que esa es una etapa que se transforma también ya en el segundo gobierno del presidente Chávez, que yo siempre digo que es bastante diferente del primero. En el segundo gobierno del presidente Chávez que se inicia en el 2007 van a suceder varias cosas. Quizás el más importante es que Chávez decide radicalizar el proyecto político, y entonces de aquello que se había estado desarrollando en Venezuela que se llamaba la democracia participativa y protagónica, y que estaba asentado en la constitución del 1999 que se había aprobado a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Ese proyecto va a ser modificado sustantivamente por la propuesta del ‘socialismo del siglo 21’ que hace Chavez en su segundo gobierno.

El proyecto del ‘socialismo del siglo 21’ tiene muy poco que ver con la Constitución de 1999. Y tanto lo sabe Chávez que trata de modificar esa constitución con el resultado que no lo pudo hacer. Ese año él introdujo a la Asamblea Nacional que él controlaba en ese momento, pero lo cierto es que él propone este proyecto de cambiar 60-y-tanto artículos de la Constitución para que Venezuela entre a otro proyecto político que se llama ‘el modelo socialista del siglo 21’. Esa propuesta fracasa en el sentido de que no es aprobada por la voluntad popular, no es aprobada por los votos que exige la Constitución.

Cuando eso pasa, la propuesta socialista pierde la legitimidad, pero en la sociedad van a operar varias cosas: una, que Chávez va a pasar por encima de ese mandato constitucional, ese mandato popular, y va a tratar de imponer ese proyecto con su carisma. Para eso cuenta que era un hombre muy popular — tenía un liderazgo muy carismático muy importante que mucha gente confiaba en él — entonces en vez de apoyarse en las leyes porque las leyes no lo han favorecido, ha perdido el plebiscito popular de diciembre de 2007, y en estricto rigor no podía cambiar la Constitución y las leyes para favorecer su proyecto socialista, él lo que hace entonces es apelar a utilizar su carisma y a distribuir mas y mas renta petrolera para ganar elecciones de allí en adelante y tratar de imponerlo por otras vías.

A partir de ese momento la oposición comienza a ser una oposición que está enfrentada a un proyecto que es cada vez más autoritario, que no tiene la legitimidad democrática que tenía en el pasado. Y esos partidos comienzan después de los fracasos que habían tenido en el primer gobierno de Chávez — porque se habían ido por vías extraconstitucionales, en algunos casos la sociedad civil y los partidos de oposición habían actuado a favor de un golpe de estado, un paro petrolero y este tipo de acciones que era más bien acciones inconstitucionales — ahora van a tratar de entrar por la vía constitucional y tratar de ganarle las elecciones a Chávez.

Es el momento en que se crea la Mesa de Unidad Democrática (MUD) para sustituir a lo que fue anteriormente la Coordinadora Democrática. Los partidos cambian hacia enfocarse primordialmente en ganar elecciones. Eso sucede entre 2008 y 2009, y van a comenzar a tener algunos triunfos en el 2010.

Por el lado del Chavismo, Chávez va a tratar de controlar los partidos políticos que lo apoyan no dejándoles mucho espacio para ningún tipo de autonomía. Va a disolver incluso su propio partido que había fundado antes de ser gobierno para crear el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El Partido Socialista Unido de Venezuela en realidad es un proyecto carismático, un proyecto que él controla inicialmente. Es un partido que sigue sus directrices y no es un proyecto colectivo como suelen ser los partidos modernos. Es un partido de Chávez que Chávez utiliza a su discreción. Y los otros partidos él les exige que se disuelvan. La mayoría se disuelven y se incorporan al Partido Socialista Unido de Venezuela pero hay algunos que se resisten, se oponen. En algunos casos Chávez los expulsa del poder, en otros casos ellos se van, y en otros casos finalmente logran sobrevivir al lado de Chávez, que son el Partido Comunista de Venezuela y el partido Patria Para Todos. Se terminan quedando dentro de la coalición de gobierno porque a la final Chávez se da cuenta que les pueden ser útiles no mostrarse como mostrarse como un partido único sino mostrarse como que tiene una coalición de partidos plurales allí que lo apoyan.

Por el lado de la sociedad civil opositora, se comienza también un lento desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil que se despolitizan después de la mala experiencia que tuvieron en el primer gobierno. Se dedican a lo suyo que son organizar, crear identidad, proteger a la sociedad, luchar por derechos de la sociedad, derechos particulares, y los partidos políticos se conforman en la Mesa de la Unidad Democrática que también es muy distinta a la Coordinadora Democrática. La Coordinadora tenía a Fedecámaras, tenía a Gente del Petróleo, tenía a Gente del Petróleo, tenía a la iglesia Católica, tenía una cantidad de actores de facto, mientras que ahora la Mesa de la Unidad Democrática es exclusivamente una plataforma de partidos políticos y que tiene como principal prioridad tratar de ocupar espacios por la vía electoral.

Por el lado del Chavismo ocurren también cambios dramáticos porque además de la sujeción de los partidos a Chávez como líder que exige lealtad incondicional, las organizaciones que él promovió para el empoderamiento durante la primera etapa — no solamente las organizaciones que lo defendieron durante la etapa del paro petrolero y el golpe de estado, sino todas las que se fueron creando en el primer gobierno para asumir la gestión de políticas públicas junto con los gobiernos locales e incluso instituciones nacionales — comienzan a transformarse para ser dirigidas también como instrumentos políticos a favor del presidente.

En el primer gobierno, esa democracia participativa y protagónica auspició una cierta tendencia a la organización de los sectores populares para que se empoderaran a través de  la gestión de problemas locales como el agua, como el gas, como las comunicaciones, como la educación, etc a través de mesas técnicas de agua, mesas técnicas de comunicaciones, comités de tierras, una serie de organizaciones que tenían una concepción de tratar de fortalecer una sociedad civil popular que hasta ese momento había estado muy cooptado por los partidos políticos del sistema democrático representativo.

Esas organizaciones tuvieron mucho auge en el primer gobierno de Chávez, pero en el segundo gobierno de Chávez,  Chávez comienza a utilizarlos con fines de proselitismo político. Entonces los va poco a poco cooptando y transformando más bien en organizaciones clientelares, donde él distribuye bienes del estado — fundamentalmente gracias al ingreso fiscal petrolero que en esos años es muy abundantes — él empieza a distribuir eso a cambio de lealtad política. Quizás lo había hecho en el primer gobierno, pero en el segundo gobierno es muchisimo mas abierto y descarado eso que está sucediendo, y hace que sea muy difícil que esas organizaciones populares que antes eran más autónomas o se sentían con más capacidad de tener interlocución con el gobierno y con el Chavismo, ahora se sienten que están mucho más ceñidas a tener que rendirle obediencia, lealtad, compromiso político al presidente Chávez a cambio de que se le den los muy necesarios bienes básicos que no tienen, como el agua, la vivienda, la salud, en fin.

Ese es un cambio bastante importante, y Chávez pudo hacer eso a lo largo y hasta que murió en el 2013 porque coincidió su segundo mandato con los momentos de mayor prosperidad económica que ha vivido Venezuela gracias al aumento de los precios petroleros en el mercado internacional. Venezuela vivió un auge de los precios petroleros en el mercado internacional entre 2004 y 2014 que no tienen precedentes en la historia de Venezuela. En esa etapa Chávez logró controlar las finanzas públicas y prácticamente utilizarlas a discreción para ponerlas  a funcionar a beneficio de su proyecto político.

Al final cuando Chávez había destruido las instituciones de la democracia liberal, los contrapesos que tenía el poder del ejecutivo estaban todas destruidas, el presidente estaba controlando — igual que Maduro hoy en día — el poder judicial, el poder ciudadano, el poder electoral, el banco central, en fin, todos los poderes, y por supuesto, la compañía petrolera que él administraba como si fuese una compañía suya y de su gente.

Entonces ahí hay dos etapas que yo diría que son diferentes: tratando de mirar a la sociedad civil por un lado, y al sistema de partidos por otro, cómo se fueron en esta situación que fluía, cambiando.

Cuando muere Chávez — ese año de 2013, la historia lo registrará como quizás uno de los años más duros que ha vivido Venezuela, y sin duda en el siglo 21, fue un año muy crucial, porque va a morir Chávez por una parte, y por otra parte a finales de año se derrumban los precios petroleros también.

Maduro va a entrar como sucesor de Chávez sin los dos grandes pilares que sustentaban el modelo socialista, que eran el carisma de Chávez y el dinero de los petrodólares. Y eso va a obligar a Maduro a tener que optar o se abre a una negociación y acepta que necesita más respaldos políticos para seguir gobernando y para tener una cierta legitimidad política — lo cual significa que se abriera a una negociación y al diálogo, y a la búsqueda de unas basas mayores, porque además él va a ganar con muy pocos votos la presidencia en el 2013 — o tiene que sostenerse en algo que reemplace el carisma de Maduro y el dinero de los petrodólares, y ese algo va a ser los sectores militares.

Lo que vamos a ver con Maduro es un régimen autoritario mucho más pronunciado que el de Chávez porque Chávez una cierta legitimidad que le daba el carisma que no tiene Maduro. Chávez, para una parte importante de la población, era una persona que ellos confiaban, que ellos creían que le podían solucionar la cosa, mientras que Maduro tiene que apelar mucho más a la represión y el miedo para mantenerse en el poder.

Y eso le ha costado mucho a la Mesa de la Unidad entenderlo porque la Mesa tiene muchos partidos, y los partidos tienen diagnósticos diferentes sobre la situación.

Hay algunos que por algunos años creyeron que Maduro era democrático, que creían que podía salir de él siguiendo la estrategia electoral. Pero en realidad, de una manera creciente, el Chavismo ya Madurista, o el régimen militarista muy a la cubana, y sobretodo sostenido por la represión, por un aparato de propaganda muy totalitaria, muy cruel, y por una cúpula militar y civil cohesionada y muy solidaria entre ellos porque gracias a la destrucción de la institucionalidad democrática previa, actúan con impunidad en el estado y se han convertido prácticamente en unas tribus políticas criminales. Muchos de ellos en negocios ilícitos y están muy cohesionados porque tienen muchos privilegios,  muchas prebendas, y muchos incentivas para mantenerse apoyando a Maduro, y tienen mucho miedo que si Maduro cae podrían ser perseguidos por la justicia nacional e internacional.


Es otro tipo de gobierno, y eso le ha costado mucho a la Mesa de la Unidad Democrática como plataforma política que es, de partidos políticos, ponerse de acuerdo primero para entender la situación y segundo para saber qué hacer ante esa situación. Lo que ha pasado y lo que estamos viendo en estos últimos meses es que se ha dividido, fragmentado y debilitado.

En efecto hay hoy en dia hay por lo menos tres grupos en torno a los partidos opositores.

Hay un grupo que todavía trata de ver si con presión nacional e internacional puede que Maduro regrese al hilo constitucional, y que por lo menos en este año del 2018 se abran unas elecciones razonablemente competitivas. Hay un grupo que dice que ya no hay nada que dialogar con Maduro porque ya es una dictadura faca y por la vía electoral no va a salir. Y hay unos que dicen que si pueden salir por la vía electoral no importa las condiciones que sean porque la mayoría venezolana quiere un cambio político.

Que son un poco la cabeza de los tres: una es Maria Corina Machado, la más radicalizada, su partido Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo de Antonio Ledezma. Por el lado de la Mesa de Unidad permanecen Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular, Acción Democrática como los partidos principales que están tratando de luchar por que se den unas condiciones medianamente competitivas para ir a unas elecciones que en definitiva yo creo que el gobierno de Maduro ya no tiene incentivos para hacer eso, sino que está buscando legitimarse a través de unas elecciones fraudulentas al estilo del PRI (Partido Revolucionario Institucional) mexicano, como lo hizo el PRI por mucho tiempo controlando el Consejo Nacional Electoral. Y está Henri Falcón que se ha separado en las semanas recientes de la Mesa de la Unidad, y que dice que él va a las elecciones no importa las condiciones y que pudiese por una parte ser una tercera forma de partidos políticos satélites alrededor del PSUV que pudiera jugar en un sistema de partidos hegemónicos si eso fuera el caso que eso surgiría después de las presidenciales.

En el caso de los partidos del Chavismo ahí han habido fuertes tensiones. Chávez fundó un partido hegemónico y carismático que fue el Partido Socialista Unido de Venezuela. Ese partido sigue siendo un partido con una maquinaria importante, con recursos importantes para ganar elecciones, pero ha tenido tensiones, y se ve en este momento en las semanas recientes, que Maduro busca crearse su propio partido personalista de el que él controla.

Estamos viendo la emergencia de un partido que se llama Somos Venezuela que es un partido de Maduro que está conviviendo con el Partido Socialista Unido de Venezuela que controla Diosdado Cabello y algunos otros cuadros Chavistas de la gente de Chávez. Pero Maduro está buscando su consolidación como el jefe del poder un poco autónomo ya de haber sido el sucesor de Hugo Chávez.

Por los lados de la sociedad, la sociedad está postrada. La sociedad Chavista, las organizaciones populares se han convertido prácticamente en circuitos clientelares, en donde el gobierno a través de mecanismos de control social como las misiones, como las unidades de batalla electoral, pero sobre todo, con el carnet de la patria y con las bolsas CLAP ha logrado crear una situación donde muchas familias venezolanas tienen que expresar su lealtad al Chavismo para poder conseguir alimentos y medicinas, empleo público, subsidios, bonos, y ese tipo de cosas.

En ese sentido ya no es una sociedad civil propiamente dicho, son organizaciones clientelares extremadamente dependientes de las dádivas y el ingreso del estado y cómo lo distribuye el gobierno, y su capacidad de empoderamiento son muy escasas.

Maduro ha continuado con su deriva autoritaria y totalitaria y esas organizaciones civiles se han frustrado, se han desesperanzado, se han debilitado. Siguen allí latentes tratando de ver si hay una salida pacífica, por eso creo yo que en las encuestas la gente sigue diciendo que está dispuesta a votar porque no ven otra salida pacífica que no sea el voto. Sin embargo ya el voto no tiene las características que pudo haber tenido en el pasado. No tiene condiciones para que el voto pueda ser ni equitativo ni transparente.

También hay unas organizaciones de derechos humanos muy aguerridas como las de los derechos de los presos políticos, las que defienden los derechos de los presos en general, las que defienden los derechos humanos, sociales, económicos y culturales como el caso de Provea, ahí están luchando y tratando de organizar creativamente formas de resistencias a un gobierno que ya es un gobierno autoritario.

Cuando las dictaduras aparecen, la situación de la sociedad civil es muy compleja y muy difícil. 

Quería hablar un poco sobre un análisis que usted escribió junto a Luis Lander para una colección de estudios de movimientos sociales de América Latina titulado Beyond Civil Society (o Más allá de la Sociedad civil en inglés). En este estudio, ustedes diferencian las maneras en que la sociedad civil ejerce la acción colectiva, argumentando que los mecanismos de democracia interna dentro del Chavismo y las clases medias y altas varían ampliamente. Incluso mencionan que esta inclinación democrática de lado y lado está ausente al interactuar con el polo opuesto, y que esta falta de pluralidad y tolerancia es una expresión del déficit democrático en estos frentes emergentes. ¿A qué se debe esto? ¿Qué hace falta para que las bases del Chavismo y de la oposición se reconozcan?

M.L.M: Nosotros hicimos ese estudio ya hace bastantes años, cuando la polarización política la utilizaban ambos bloques de actores.

El Chavismo ha utilizado la polarización política como un discurso oficial destinado a criminalizar a adversarios políticos y convertirlos en un enemigo. En regímenes democráticos el adversario político es un rival político. Es una persona que opina diferente a ti, que tiene ideas diferentes a ti, pero no es un enemigo de guerra del que hay que aniquilar.

En la polarización política, el discurso polarizador del populismo Chavista, como todo buen populismo fue un discurso de criminalización y estigmatización. Y por muchos años, la oposición reaccionaba de la misma forma, es decir, creando también un discurso estigmatizador, criminalizador del Chavismo y de sus bases. Eso ha cambiado.

En mi criterio eso empezó a cambiar ya en el segundo gobierno de Chávez cuando la oposición — o alguna parte de los partidos opositores — comenzaron a darse cuenta que ese discurso polarizador al único que realmente le convenía políticamente era al gobierno. Y cada vez que polariza la mayoría se iba con Chávez. Entonces comenzaron a bajar el tono, y hoy en día, la mayoría de los liderazgos de oposición tienen tonos más moderados, de conciliación, de negociación, de buscar una salida, de querer hablar.

Mientras que el gobierno es el que se ha mantenido utilizando un discurso fuertemente estigmatizador y polarizador. Pero yo diría que eso cada vez tiene menos resultado para el gobierno en la medida en que la gente está pasando hambre — tirios y troyanos — en que la gente la están matando.

De manera que comienza a no haber condiciones para esa polarización política desde hace ya algunos años. Esa polarización política tuvo y tiene consecuencias. Y son consecuencias que quizás estaban abonados o tenían raíces en una intolerancia política previa.

En Venezuela nuestra cultura democrática era poca tolerante o poca dada a la negociación en la propia sociedad. Yo creo que muchas de las organizaciones sociales en Venezuela eran muy radicales y tendían a sentir que podían utilizar mecanismos de democracia interna — pero no hacía en el otro.

En todo caso, yo no tendría muchos elementos para sostener que eso era así durante los regímenes de la democracia representativa hasta antes de Chávez. Pero si tu revisas, por ejemplo la literatura sobre polarización social, y cuales son las connotaciones psicológicas de la polarización política y social, ahí aparece claramente ese rasgo de que la gente se identifica con los que se identifican con su mundo político. Y tienden a pensar en el otro como un otro que le da miedo o le produce odio, o en todo caso no es un igual a él.

Esas causas que estaban ahí tienen que ver con la polarización política que a la vez no es un derivado natural de una polarización social. No es que no había mucha desigualdad social en Venezuela y se produjo la polarización política, no.

La polarización política es un instrumento que utilizó el populismo de Chávez para expresar políticamente un malestar que había en la sociedad, que era la crisis que teníamos. Que construyó el diagnóstico de que en la crisis había unos responsables que eran los malos de la crisis, y los que no eran esos malos que eran los partidos políticos o los empresarios, entonces eran buenos y tenían que seguirlo a él.

En política, el populismo es una construcción maniquea de la política. Y esa construcción maniquea tiene muchos efectos de cohesión y de movilización de los sectores que se sienten excluidos o los que han sufrido los embates de esa crisis.

No necesariamente es así. Hay sociedades que son polarizadas socialmente — el ejemplo clásico que siempre se pone es Sudáfrica. En Sudáfrica el racismo tenía segregado a la población mayoritaria en su país. Y sin embargo, el liderazgo político no utilizó un discurso de polarización para salir de esa situación, sino todo lo contrario, un discurso de búsqueda de diálogo, consenso, que permitió al país llegar a una democracia.

Pero en el caso venezolano esa crisis se utilizó para polarizar. Es un instrumento político que conscientemente se utiliza para dividir a la sociedad y producir indignación, odio, intolerancia,  porque con eso se sacan dividendos políticos y sobre todo, una importante movilización.

¿Cuales son los límites de la acción colectiva cívica y contenciosa en Venezuela para recuperar el orden democrático? Muchos señalan la necesidad de la presión internacional, ¿pero cree usted que hay algo que las fuerzas opuestas a gobierno de Maduro no estén haciendo? 

M.L.M: Venezuela era un petroestado bastante poderoso. Cuando uno dice  petroestado se refiere a un estado cuyas élites políticas eran como independientes de la acción de la sociedad. Como la sociedad no sostiene al estado venezolano la renta petrolera que viene de afuera del mercado internacional ingresa a las arcas del tesoro. Y eso hace que los sueldos de los funcionarios, toda la maquinaria del estado, realmente no se sostiene sobre los impuestos que pagan los venezolanos. Se sostienen sobre ese dinero que entra del mercado internacional.

Tanto con las dictaduras de López Contreras, de Medina, de Pérez Jiménez como en las democracias de Betancourt, de Leoni o posteriormente de Caldera, Luis Herrera, etc. eso hizo que la sociedad civil venezolana siempre fuese una sociedad civil que tuviese poca capacidad para controlar a sus elites políticas, de pedirles rendición de cuentas, y tendían también a exigir derechos quizás por encima de su capacidad productiva o méritos. Porque había mucho dinero y era un dolor que a nadie le dolía. Que llegaba a las arcas del estado y la elite de acuerdo a su conveniencia o proyecto político lo distribuía.

Eso hace que la sociedad con Chávez fácilmente entra también en este patrón y se continúa. Los sectores populares, los sectores altos y todos se sienten con derechos a que el estado les de renta petrolera sin trabajar.

Los grandes canales de distribución de renta petrolera en Venezuela durante estos últimos años, han sido por un lado la corrupción para los sectores empresariales, los sectores gubernamentales, sus familias, las familias de los colegas militares que están gobernando, ellos se han distribuido la renta petrolera a través de negocios en el estado: diferencial cambiario, contrabando, narcotráfico, en fin, tantas cosas..

Y en los sectores populares a través de todas estas misiones, bonos, bolsas de comida, viviendas, etc. — eso en una sociedad civil es muy difícil que pueda acometer o incluso tener formación para cometer una salida democrática para Venezuela.

Por el lado de los sectores medios y altos que se han opuesto desde los partidos políticos hay una situación de bastante indefensión también.

Sin embargo, yo diría que la necesidad es de tal dimensión que las sociedades no se quedan tranquilas, y hemos visto salidas masivas de la población para exigir un cambio político por las necesidades básicas que se están sufriendo en el país. Esa es una mina para que se haga organización y tejido social con el fin de tratar de coordinar una presión nacional que exija el cambio político que ya hoy en día tendría que ser la salida de Maduro, porque ya está visto que con Maduro no hay posibilidades de superar una crisis económica y social de la catástrofe que se ha producido, y mucho menos que haya vocación para ir a una transición democrática.

Esa presión nacional por lo mismo de la situación de debilidad, de indefensión, por las debilidades básicas que está sufriendo la población produce en el tejido social interno en Venezuela mucha precariedad, mucha desunión, mucha fragmentación, mucha desesperanza.

Los esfuerzos que se hacen internamente no parecieran poder solas producir un cambio político en Venezuela. Es lo que algunas literaturas dicen que cuando una sociedad camina hacia su colapso — como el caso de Venezuela donde ha colapsado el aparato productivo, ha colapsado el estado mismo en muchas de sus funciones — cuando una sociedad ve a su estado colapsando, uno comienza a ver con cierta claridad muchos rasgos de un estado fallido, la necesidad de la intervención de la comunidad internacional es clave para poder producir una transición democrática.

En Venezuela los desafíos son muy fuertes porque aunque se han ido operando los tejidos sociales por la necesidad, sigue estando muy descoordinado, sigue también los partidos políticos muy fragmentados, y tienen que coordinarse internamente para tener más fuerza para poder presionar internamente. Igualmente van a necesitar una coordinación con la comunidad democrática internacional.

Solamente eso es lo que pudiese posible que finalmente el bloque de dominación, la gente que apoya a Maduro y que hace que Maduro no salga del poder — que son fundamentalmente los militares — se sienten a pensar los costos que ellos tienen que asumir en términos de represión, de delitos, de homicidio, de asesinatos a la población que están cometiendo, de su persecución por la justicia internacional y nacional, y que algunos de esos sectores decidan alejarse del apoyo que le están dando al gobierno de Maduro, sus clanes y sus tribus políticas.

Solamente así se podría tener esperanza de una salida democrática para Venezuela. Creo que la comunidad internacional se ha ido haciendo cada vez más coherente y cohesionada en su presión hacia el gobierno de Maduro. No obstante creo que en este momento la sociedad venezolana está muy descoordinada, muy fragmentado y no termina de encontrar la suficiente cohesión, coherencia y unidad para ser fuerza para producir ese quiebre en el bloque de dominación.

Pero tomando en cuenta el enorme costo político que inevitablemente deberá pagar sea el Chavismo, Henri Falcón, o un eventual gobierno de unidad nacional para lograr los ajustes macroeconómicos necesarios, ¿diría usted que esto se reduce a un problema de pedagogía social? ¿De que no se le está explicando a la población la ruta hacia el bienestar? ¿Cómo se puede rendir cuentas a las demandas de la población y a los movimientos sociales mediante un proceso de reestructuración económica como la que el país requiere?

M.L.M: La principal responsabilidad de llevar un país a una transición democrática lo tienen los actores políticos, porque los actores sociales tienen otras responsabilidades: crean tejido social, protegen a las poblaciones de los derechos particulares por las cuales ellos luchan y se defienden.

Pero son los actores políticos los que de verdad tienen la formación y la concepción para tratar de acumular las fuerzas y crear un proyecto político capaz de visualizar un futuro diferente al que en este momento tenemos con Maduro. Eso ha sido quizás el eslabón más débil que hemos tenido como sociedad: que los partidos políticos no han sabido, no han podido, no han todavía llegado a ese punto en el cual entiendan la gravedad de la situación y puedan tener una sola dirección política que permita articularse con la sociedad civil, con los movimientos sociales, y producir un inmenso frente nacional, un movimiento social nacional que sea capaz de intimidar a ese bloque de dominación que está rigiendo en Venezuela.

No digo que es fácil. Lo veo muy complejo porque la catástrofe que estamos viviendo en Venezuela con el gobierno de Maduro se ha incubado por años. Se fue entrando lenta y lentamente y hoy en día ha penetrado todas las esferas de la sociedad. Es como un monstruo, es como un cáncer, como una metástasis que tenemos allí. Es sumamente complejo y no es fácil. No es fácil ver como solucionar el problema. Pero si creo que hay que hacer mejor la tarea, y los que tienen que hacer mejor la tarea son sobre todo los partidos políticos. Porque sin unidad de los partidos políticos no se puede hacer nada. No se puede llegar a la puerta de una transición democrática.

La sociedad civil tiene que hacer los esfuerzos también de coordinarse entre ellos porque hay muchas organizaciones de la sociedad civil pero hasta hace poco muy poco coordinadas, con muy pocas vinculaciones entre ellas. Ese tejido se ha estado tratando de hacer en los últimos años pero es una tarea compleja que creo que le falta aún demasiado, y creo que todavía faltan mucho también los vasos comunicantes entre esa sociedad civil y esos actores políticos para ir en una sola dirección y con una meta que es la meta de recuperar una democracia para Venezuela que es la única garantía que podríamos salir de esta crisis tan abismal que estamos viviendo — en paz — y con la garantía de que puede mejorar la vida para todos los venezolanos. Porque esta crisis se puede salir de varias maneras. No necesariamente democrática, pero la democrática es la única que nos garantizaría a todos que podríamos eventualmente beneficiarnos todos de ella y convivir en paz en una situación de igualdad.

Usted ha estudiado los procesos políticos históricos en Venezuela por décadas. Ha sido testigo de cómo las élites políticas del pacto de Punto Fijo y luego el Chavismo han interactuado con las demandas sociales de distintos sectores. ¿Qué lecciones cree usted que deberían tomar tanto los movimientos sociales como los actores políticos una vez que llegan al poder? En otras palabras, ¿cómo no repetir los errores del pasado y caer en ese círculo vicioso en donde amplios sectores de la sociedad pierden la manera de relacionarse con el poder?

M.L.M: Ese es el corazón del gran problema que ha tenido la sociedad venezolana. La sociedad venezolana ha sido una sociedad que ha vivido del ingreso fiscal petrolero. De eso se han alimentado desde las altas oligarquías y aristocracias venezolanas, las clases medias, altas, las bajas, y los pobres. Todo el mundo tiene una cultura rentista en Venezuela. Todo el mundo de alguna manera le debe al estado venezolano los que han tenido privilegios, dádivas, becas, lo que sea.

Desde los años 80s del siglo pasado, hemos visto que ese ingreso fiscal petrolero no produce el bienestar equitativo para toda la población, y ni siquiera ya es suficiente para sostener a 30 millones de venezolanos. Eso lo estamos viviendo desde hace ya 40 años. Que eso lo tapó el boom petrolero del mercado internacional entre el 2004 y el 2014, lo ocultó de cierta manera porque había tanto dinero entrando por las arcas del tesoro, porque el precio llegó a sobrepasar los $120 el barril que ocultó ese problema estructural que tiene la economía.

El gran desafío en Venezuela es hablar sinceramente que ese modelo económico ya no es sostenible. Si en Venezuela ya no se trabaja, no se independiza el aparato productivo del ingreso fiscal petrolero, no hay forma de salir de esta crisis. Y creo que hoy en día hace falta menos voluntad política porque la compañía petrolera está colapsada.

En este momento está cayendo la producción de una manera libre prácticamente según las informaciones que nos están llegando. Durante la etapa del Chavismo, cuando Chávez inició su primer gobierno Venezuela producía 3.300.000 – 3.400.000 barriles diarios. Hoy en día según los informes de la OPEP, está en la mitad de esa producción y sigue cayendo. De manera que el Chavismo y el Madurismo han matado la gallina de los huevos de oro. En este momento de cada $100 que entran a Venezuela, $96 entran por el negocio petrolero y el negocio se está acabando, y eso tiene que tomar conciencia a todos de que ya no hay posibilidades de seguir distribuyendo y que todo el mundo tiene que poner el brazo, y todo el mundo tiene que sacrificar, y todo el mundo va a pasar trabajo si se quiere levantar a Venezuela. Hay que levantarla desde su cimientos. Hay que ser otra economía para que haya otra sociedad en Venezuela.

Crédito: Sandra Bracho

Margarita López Maya es historiadora y profesora titular jubilada del Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela. Fue directora de la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales y presidenta de la Sección de Estudios Venezolanistas del Latin American Studies Association. Su más reciente libro es El ocaso del Chavismo: Venezuela 2005-2015. Puede seguirla en Twitter @mlopezmaya

Juan Andrés Misle es un escritor independiente basado en Washington, DC, investigador y defensor de los derechos humanos y sociales. Es director de Asuntos Latinoamericanos de Latino Giant.

Música por Simón Díaz & Trilobites