Nuestra mamá tierra

Por Hilda Solís

Sabemos que la contaminación global del carbono está causando que el clima cambie y este año alcanzó el mayor nivel de concentración en la historia humana.

Para mí y mi familia, no solo esta es una época de reflexión y celebración, también es una oportunidad para agradecer por todas nuestras bendiciones. Aunque suele ser una época alegre para mí y mis seres queridos, me da tristeza recordar la situacion de casi dos millones de niños desplazados o que perdieron a sus padres por el tifón en Filipinas; al igual que lo sucedido en Illinois, Michigan e Indiana, donde una docena de tornados, hace algunas semanas, hicieron que muchas familias perdieran su hogar.

El tifón Haiyan se llevó más de cinco mil vidas; en los tornados de Illinois, Michigan e Indiana, seis personas murieron y docenas más fueron heridas.

Algunos de mis mejores recuerdos de la infancia son los viajes familiares a las montañas de San Gabriel para ir de excursión, picnic y respirar aire fresco y limpio, una vía de escape del olor del vertedero de Puente Hills, cerca de nuestra casa.

Mi experiencia se asemeja a la de millones de niños latinos que crecen cerca de la línea frontal de la degradación ambiental y sufren algunos de los peores efectos de la contaminación.

Es por eso que he hecho de la protección del medio ambiente y la conservación de los espacios abiertos una de las piedras angulares de mi carrera como servidora pública, en la legislatura de California, la Cámara de Representantes de EEUU y durante mi labor como Secretaria del Trabajo.

He hecho esfuerzos para ayudar a designar parques nacionales. Me complació cuando me enteré de que el Servicio de Parques Nacionales divulgó las recomendaciones finales del Estudio Especial de Recursos para la Cuenca y las Montañas de San Gabriel, que incluye una propuesta para crear un área nacional de recreación de San Gabriel. Frente a esta buena noticia, queda mucho por hacer. Solo el año pasado, el más caluroso en la historia de Estados Unidos, perdimos 140,000 millones de dólares en cosechas por incendios forestales, inundaciones y otros desastres relacionados con el clima. El gobierno federal pagó una suma de $1,100, en promedio, por cada contribuyente estadounidense.

Hemos visto como en fechas recientes el incendio en las montañas de San Gabriel consumió preciados espacios abiertos y lo más grave es que el humo hizo que la calidad del aire fuese peligrosa para los residentes de San Bernardino, en su mayoría de clase trabajadora y latinos.

No podemos quedarnos de brazos cruzados y ver cómo estos costos afectan nuestra economía y nuestro bienestar. Sabemos que la contaminación global del carbono está causando que el clima cambie y este año alcanzó el mayor nivel de concentración en la historia humana. Por eso es que en junio, el presidente Obama anunció su plan de acción climática que establecerá límites razonables a la contaminación de carbono a las nuevas plantas de energía y, eventualmente, límites a la contaminación de carbono a las centrales eléctricas existentes. Mis padres no podían controlar la calidad del aire que respirábamos cuando crecíamos a la sombra de un vertedero masivo. Pero me enseñaron a hacer todo lo que podamos para proteger a la comunidad. Debemos actuar todos juntos para dejar una mamá tierra más limpia para las futuras generaciones.

Hilda Solís fue Secretaria del Trabajo en la primera Administración de Barack Obama.

Este artículo fue publicado originalmente en La Opinión.