Niños Migrantes: Una Crisis que Pudimos Prevenir

Claudia Flores

El tema migratorio es tratado como un debate altamente político dentro de los EEUU. Sin embargo, en las últimas semanas el tema se ha intensificado al ser descrito como un tema global de carácter humanitario, debido a un sin número de niños que cruzan solos la frontera desde México en su afán por llegar a la frontera con Estados Unidos. Esta ola sin precedente de niños, en su mayoría centroamericanos, es de tal urgencia que el mandatario estadounidense Barack Obama solicitó al Congreso 1.400 millones de dólares adicionales para lidiar con esta situación.  Obama también nombró a Craig Fugate, director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), para hacer frente a esta crisis.

Varias fuentes de noticias han publicado imágenes de estos niños migrantes hacinados en centros de detención localizados en varios estados del sur del país.  Mark Greenberg, secretario adjunto de Salud y Servicios Sociales, dijo que unos 1.000 niños están albergados en la base de Texas y que unos 600 más serían alojados en una base de la Marina en el sur de California. Se estima que más de 90% de los menores albergados por el gobierno de Estados Unidos son de Honduras, Guatemala y El Salvador.

La pregunta entonces es ¿que está sucediendo a nivel global que ha causado esta inflación de niños migrantes? ¿Pudo el gobierno estadounidecense predecir esta crisis humanitaria?

Centroamerica ya es una de las regiones más vulnerables a cambios políticos, económicos y sociales.  El índice de violencia y el panorama del crimen organizado en la region centroamericana es alarmante, de tal manera que uno de los países, Honduras, es conocido antes los ojos del mundo por tener la ciudad más violenta del planeta. “Por tercer año consecutivo, San Pedro Sula en Honduras, es la capital de los homicidios en el mundo, donde la violencia tomó la vida de 1,411 de los 752,990 ciudadanos sampedranos en 2013” de acuerdo a la publicación del sitio AmericanLiveWire.

Pero los números son impersonales, los números no reflejan el día a día de una comunidad con ciudadanía jóven que quiere avanzar, mujeres y hombres que también sueñan y anhelan por una vida mejor. Yo me considero parte de esta comunidad global, nací en Honduras y viví en  carne propia el miedo de residir en un país donde la justicia es casi intangible y donde la corrupción alcanza todos los sectores del país, convirtiéndose en una institución que dictamina las reglas del juego y sirve como cárcel a cualquier forma de avance social. Por esta y entre otras razones, mi familia y yo emigramos a los Estados Unidos para alcanzar el famoso “sueño Americano”- un futuro, que aunque incierto, garantizado con el trabajo arduo. Ahora yo lucho para que los derechos de los inmigrantes sean respetados en este país porque he sido directamente impactada por un sistema disfuncional y los efectos de un país fallido.

Es por eso, que ante los juegos políticos de una reforma migratoria en los EEUU, quiero hacer hincapie al hecho que inmigración sigue siendo manejado como un tema exclusivamente doméstico. El mayor gane para los grupos pro-inmigrantes, quienes llevan más de una decada abogando por un cambio, fue la aprobación de una propuesta de ley en el Senado del Congreso estadounidense. Una propuesta de ley que sugiere reformas domésticas, y que al igual que el actual debate migratorio, se limita en no entender, que la inmigración es también un tema de política internacional.

Al no comprender la raíz verdadera del problema, las propuestas de ley incluyen mociones cómo incremento en el número de oficiales fronterizos, o el uso de tecnología para rastrear aquellos que cruzan de manera ilegal, pero no se habla de uno de los problemas centrales: el temor justificado a las autoridades. A nivel doméstico se entiende que un incremento a la seguridad interna, por ejemplo programas como Comunidades Seguras (Secure Communities) que ponen en vigor la colaboración entre policías locales con la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), conlleva al miedo y a la falta de confianza- un elemento crítico para implementar las leyes de manera efectiva. Nuestras fronteras no deben ser destinos finales, y establecer un sistema que regula el flujo de individuos para prevenir invasión criminal no debe de costarnos nuestra humanidad.

Me entristece ver a la cantidad de niños que han sido expuestos a terrenos fronterizos llenos de violencia e inseguridad, pero es más triste saber que este costo humano pudo ser prevenido si manejaramos el tema migratorio de una manera abierta, honesta y responsable. Muchos de estos niños escapan los problemas de sus países natales, y una gran cantidad de ellos buscan reunirse con familiares dentro de este país. El alargue a una revisión de políticas de deportación ineficaz, y la inacción legislativa ante una reforma migratoria sirven como instrumentos que empeoran las condiciones para millones de familias  dentro y fuera de los EEUU.

Claudia Flores serves as the Legislative Affairs and Communications Associate for the Bridge Project, a Washington, D.C.-based advocacy group that is working on connecting individuals from across the political spectrum to achieve immigration reform. She holds a Bachelor’s Degree in Political Science from Santa Clara University, and is an upcoming public policy fellow for the Congressional Hispanic Caucus Institute She came with her family to the United States from Honduras at age 14. Claudia resided in Silicon Valley, prior to moving to Washington, D.C.