LA CARAVANA DE MIGRANTES CHOCA CONTRA EL MURO DE TIJUANA

Los migrantes no solo deben lidiar con el muro fronterizo entre EEUU y México, sino con el rechazo de los habitantes de Tijuana.

Tras los inesperados incidentes del pasado fin de semana, en los que las autoridades fronterizas norteamericanas repelieron con bombas lacrimógenas y balas de goma a los migrantes centroamericanos que pretendían ingresar a territorio estadounidense por la frontera con Tijuana, México anunció el inicio de deportación de al menos 500 migrantes.

Después de realizar una caminata de aproximadamente 3,000 kilómetros, los migrantes se toparon con un duro recibimiento, no solo de las autoridades fronterizas norteamericanas sino de los residentes de Tijuana, quienes han protagonizado varios altercados en rechazo a su llegada.

Adicionalmente, agentes de la Policía Federal Mexicana desplegaron este lunes un cerco alrededor del principal albergue de migrantes de Tijuana argumentando motivos de protección y resguardo de los derechos de estos, así como la prevención del quebrantamiento del orden público y las leyes migratorias.

Luego del intento de trepar el muro fronterizo en la ciudad de Tijuana el pasado domingo, la Secretaría de Gobernación de México aseveró que “dichos actos de provocación, lejos de ayudar a sus objetivos, atentan contra el marco legal migratorio y pueden resultar en un grave incidente en la línea fronteriza”.

Ante este escenario, muchos de los migrantes ven con desconcierto cómo sus intenciones originales se desvanecen. La caravana adolece de liderazgo y orientación. Ingresar en estampida de manera ilegal a un país constituye sencillamente un acto irregular.

LAS OPCIONES: REGRESAR O CAMBIAR DE PLAN

Las solicitudes de retorno a sus respectivos países se han triplicado esta semana y pese al plan de empleo ofrecido por las autoridades mexicanas, apenas alrededor de 600 migrantes han iniciado el proceso formal para adherirse al programa de asilo y obtención de visa humanitaria.

Por su parte, el gobierno de Honduras anunció que unas 7,000 personas han regresaron de manera voluntaria al país desde que inició el movimiento hacia la frontera estadounidense el pasado mes de octubre.

“Los gringos no van a ceder, no van a abrir los portones. ¿Entonces qué vamos a estar haciendo aquí? Mejor nos vamos a trabajar a nuestro país. Es poco lo que vamos a ganar, pero estamos mejor que acá”, aseveró Jorge Alvarado, un migrante proveniente de Honduras que tras los incidentes de este fin de semana decidió desistir en su intención de cruzar la frontera.

La caravana se ha convertido en un asunto difícil de tratar para los gobierno involucrados, quienes se debaten en el dilema de atender 

la situación con apego a los Derechos Humanos y a su vez con respeto a los mecanismos migratorios establecidos legalmente.