OPINIÓN: ¿Donald? Ni frío, ni calor

¿Donald? Ni frío, ni calor

Por Betty Gabriela Rodríguez

La decisión de retirar a los Estados Unidos de América del Acuerdo de París ha generado toda suerte de reacciones, pero lo cierto es que, es bastante pobre el impacto que pueda tener en la vida de los ciudadanos.

Veamos, en 1968 el Club de Roma produjo el informe “The Limits to Growth” que ha servido de base para buena parte de la consciencia medioambiental moderna en el plano internacional. No es casualidad que, en 1972, 1982, 1992, 2002 y 2012 se celebraron reuniones de alto nivel auspiciadas por las Naciones Unidas, en las cuales se adoptaron declaraciones, protocolos, planes de acción y agendas que a su vez se incumplieron sistemáticamente por los países signatarios.

Entonces, aunque resulta comprensible el impacto mediático que genera el anuncio, en términos prácticos, lo realmente importante es mantener en mente que los países no necesitan de la firma de acuerdos globales para adoptar políticas respetuosas del medioambiente; así como, la firma de los mismos en ningún momento implica el cabal cumplimiento de las recomendaciones y compromisos allí descritos.

Suecia, por ejemplo, no es un país verde como resultado de su política internacional sino el producto de una política nacional de concientizar a sus ciudadanos e implementar políticas públicas coherentes con esa estrategia, mientras que Francia, por el contrario, se ha visto obligada a dar acceso gratuito al metro de París en distintas ocasiones por picos de contaminación atmosférica, la cual se ubica además como la tercera causa de mortalidad en la nación gala según la Agencia Pública de Salud. También, tomen en cuenta que no existen medidas coercitivas para asegurar el cumplimiento de los tratados.

Lejos de desalentarlos, la intención no es otra que invitarles a que tomen su lugar en los asuntos de la vida pública, es decir, no sentados en la primera fila de los espectadores sino desde el escenario asumiendo el rol de actores principales.

Piensen en los políticos, en la influencia y el poder que poseen entre sus manos. Observen que ello se debe a dos razones esenciales que los ciudadanos olvidamos con frecuencia:

1. Asumen el protagonismo ante las exigencias públicas y

2. Actúan en redes.

Los políticos no están esperando que alguien diga por ellos lo que quieren decir, más bien asumen un liderazgo que los faculta para ser la voz de muchos otros, esos “otros” que prefieren verse representados antes que participar.

Además, independientemente de sus posiciones personales, están en la capacidad de sentarse y generar todo tipo de acuerdos y alianzas con sus contrapartes, porque actúan como una unidad, que asciende al poder en bloque y que usualmente también se desmorona ante nuestros ojos como un todo.

Ni un presidente, ni ningún otro representante de un Gobierno puede decidir en contra de los intereses de los ciudadanos si ellos están allí presentes exigiendo el cumplimiento de sus promesas y obligaciones.

Por eso, Donald no genera ni frío, ni calor, y es que al final, la temperatura la fijamos todos juntos mis queridos conciudadanos del mundo.